Seamos sinceros: a nadie le gusta tirar el dinero, pero muchas empresas lo hacen a diario sin darse cuenta. En el mundo Lean, a esto lo llamamos Muda (desperdicio), que es básicamente cualquier actividad por la que tu cliente diría: «Ni loco pago por eso».
Para que no te pase, aquí tienes los famosos 8 desperdicios, resumidos en el acrónimo DOWNTIME:
1. Defectos (El «¡Ups!»): Errores que obligan a reparar o tirar productos. En la oficina, es ese reporte con datos mal ingresados que te hace perder la tarde corrigiendo.
2. Sobreproducción (El «Por si acaso»): Hacer más de lo necesario o antes de tiempo. Es el «pecado capital» de Lean porque genera todos los demás desperdicios. ¡No hagas 100 copias si solo tienes 5 clientes!.
3. Espera (El «Modo Estatua»): Empleados o máquinas parados esperando información, firmas o materiales. Si tu equipo pasa más tiempo mirando la barra de carga que trabajando, tienes un problema.
4. Talento no utilizado (El «Genio Desaprovechado»): Tener a un experto en estrategia doblando cajas o ignorar las ideas de mejora de quienes están en el frente de batalla. Es el desperdicio de potencial humano más triste.
5. Transporte (El «Tour Innecesario»): Mover materiales o información de un lado a otro sin añadir valor. Si un documento viaja por cinco oficinas antes de ser aprobado, estás haciendo turismo burocrático.
6. Inventario (El «Síndrome de Diógenes»): Exceso de stock, archivos digitales acumulados o suministros que nadie usa. El inventario no es un activo, es capital que se queda sentado cogiendo polvo.
7. Movimiento (Las «Olimpiadas del Trabajo»): Caminar, agacharse o buscar herramientas por un espacio mal organizado. Si tienes que caminar 20 metros para buscar una grapadora, estás haciendo ejercicio, no trabajo.
8. Sobreprocesamiento (El «Brillo Excesivo»): Hacer más de lo que el cliente pidió. No le pongas tres capas de pintura a una pieza que irá oculta; al cliente no le importa y a tu bolsillo sí.
¿Cómo empezar a limpiar? La mejor forma es un Gemba Walk o «Caminata de Desperdicios». Sal de tu escritorio, ve a donde ocurre la acción y observa con «ojos de desperdicio».
